Cuando entró en el cuarto del orfanato, pensó que era un bebé. Pero al revisarlo los médicos, descubrió la terrible realidad

La historia del bebé Ryan comenzó con una foto en Facebook. La estadounidense Priscilla Morse miraba las noticias de la famosa red social cuando se topó con la foto de un bebé cuyo estado le partió el corazón. El bebé se encontraba en un orfanato búlgaro y al verlo, Priscilla supo inmediatamente que quería adoptarlo.

Sin embargo, Priscilla nunca imaginó la escena que se encontraría cuando por fin conociera al bebé, en junio de 2015. Para empezar, no se trataba de un bebé, sino de un niño de unos 7 años. Lo primero que pensó Priscilla al entrar en su cuarto es que Ryan iba a morir.

El niño pesaba unos 4 kg y tenía el cuerpo cubierto de pelo a causa de la desnutrición. “Se encontraba en un estado terrible. Las fotos no le hacen justicia. En persona parecía mucho más pequeño: más enfermo y frágil. Sus muslos eran del tamaño de mi dedo índice”, relata Priscilla.

Tras esperar 4 meses a los trámites de la adopción, Priscilla volvió sola a Bulgaria a recoger por fin a su hijo. Su nueva mamá y el diminuto niño viajaron 5 horas hasta la ciudad más cercana al orfanato y 24 horas de vuelos después, Priscilla estaba de vuelta en EEUU. Pero al llegar allí, no fueron a casa, sino directamente al hospital infantil. Allí es donde tomaron la siguiente foto:

“Ryan estaba en estado crítico. Los médicos se preguntaban su edad y revisaban bien sus papeles. De todo el hospital llegaban médicos para ver al “diminuto niño de 7 años”. Nadie había visto nada igual. Hombres adultos, médicos que probablemente habían visto cosas horribles en sus vidas lo tomaban de la mano y se echaban a llorar”, explica la madre en un post de Facebook.

Pero cuando Priscilla explicaba a la gente que había orfanatos llenos de niños como Ryan en Bulgaria, todo el mundo se quedaba en shock. “Bulgaria es un país precioso, pero no tiene los medios económicos necesarios para cuidar de sus niños; ellos hacen todo lo que pueden. Todo lo que necesitaba Ryan era una sonda de alimentación. Lo que lo estaba matando era el hambre”, comenta Priscilla.

“Todos me decían que me preparara para que muriera. La comida podía matarlo, los líquidos podían matarlo”, relata Priscilla. Pero, por una vez en la vida, la suerte estaba de parte de Ryan. Gracias a un estupendo equipo de médicos y al apoyo de los familiares de su nueva mamá, el pequeño niño empezó a crecer sano y fuerte.

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