Científicos logran traer a la vida una planta que perteneció a Jesús. Mira lo que puede curar…

Como bien sabemos, en las últimas décadas han desaparecido miles de especies tanto plantas como animales, la mayoría se deben a la invasión de los humanos en espacios protegidos, o a la caza ilegal de especies exóticas, de cualquier manera el planeta ha sufrido muchos cambios. Pero hay veces en que los milagros ocurren…

En la antigua Jerusalén, existió hace varios siglos una planta conocida como palma datilera de Judea, se supone que ésta, daba un dulce fruto similar a los dátiles que hoy conocemos, sin embargo contaba con otras propiedades medicinales, que algunos estudiosos de la biblia, afirman es mencionada en versículos del antiguo Testamento.1

Incluso, existen diversas teorías de historiadores famosos que plantean, algunos de los milagros y curaciones de Jesucristo se debieron a las propiedades medicinales de esta planta.

Sin embargo, con el pasar de los años y debido al cambio climático, la palma datilera de Judea se extinguió por completo, aunque investigaciones posteriores argumentaban que los romanos fueron quienes exterminaron esta planta, ya que era un símbolo para la gente de Jerusalén y representaba el cristianismo.2

En 1987 se realizaron diversas excavaciones en Jerusalén, en territorio de Israel, en el palacio de Herodes el grande, pero lo más curioso de todo es que encontraron semillas de la palma de judea escondidas en un jarrón, al parecer era considerada una planta sagrada.

Las semillas tenían 2000 años de antigüedad, por lo que los investigadores se limitaron a estudiarlas y guardarlas, pensaban que no serviría de nada plantarlas, pues habían estado bajo tierra por miles de años.

Pero tras varias investigaciones, en el año 2005, Elaine Solloway la directora del Instituto de Estudios Ambientales logró con éxito plantar y cultivar una de las semillas, después de 10 años, la planta creció, se trata de una palmera “macho” a la cual llamaron Matusalén, por su relación con el personaje Bíblico abuelo de Noé, que vivió casi un siglo.

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